Como sabemos el Reino Unido salió de la UE el pasado 31 de enero y Boris Johnson en varias ocasiones advirtió a los británicos que se preparen para un brexit duro o sin acuerdo a pesar de que la puerta británica está “entreabierta” para recibir a Michel Barnier, Jefe negociador europeo, quien llegó este jueves a Londres para la recta final en las negociaciones del Brexit, pero para Johnson, que ha reiterado estar listo para el “walk away” o “abandonar la mesa sin acuerdo”, no será el fin del mundo porque, a su parecer, Reino Unido “prosperará con fuerza como nación libre e independiente”, “Nuestro país florecerá con un acuerdo del tipo de Australia”, dice y repite como eufemismo para el brexit duro o sin acuerdo.
Si Londres y Bruselas no llegan a una entente comercial, el Reino Unido como uno de los 164 miembros de la Organización Mundial del Comercio (WTO en inglés) pasa automáticamente a comerciar con otros países con las reglas de la WTO que son básicamente dos: aranceles a las importaciones y límites a la cantidad de exportaciones. La opción australiana viene a ser el funcionamiento de dos miembros cualquiera de WTO sin acuerdo entre ellos. La opción australiana es el no-acuerdo entre dos o pacto de mínimos a través de WTO por el que cada país o bloque presenta a la organización una lista de aranceles y una de cuotas de productos. Una opción que disgusta al sector económico británico.
La otra alternativa que exhibe Boris Johnson para un pacto comercial entre Reino Unido y la UE es del tipo Canadá, al estilo del que tiene este país ex colonia británica y la UE. La opción Canadá tampoco entusiasma a la patronal ni a la City (sector financiero) porque lleva más de diez años de negociación y todavía no se ha aplicado en su totalidad. El conocido como Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA en inglés Comprehensive Economic and Trade Agreement) entre Canadá y la UE reduce en un 98% los aranceles recíprocos, permite a empresas de la UE licitar en proyectos públicos de Canadá, reconoce titulaciones profesionales y armoniza derechos laborales y condiciones medioambientales entre otras cosas. El CETA se pone como ejemplo de la complejidad y la tardanza que requiere un acuerdo de libre comercio entre países o economías dinámicas como la canadiense y las del bloque europeo.
Aunque Londres y Bruselas han estado una semana culpándose mutuamente del parón en las negociaciones, Michel Barnier dijo el miércoles ante el Parlamento Europeo lo siguiente: “Creo que podemos alcanzar un acuerdo”. El posible acuerdo incluye desde aspectos marco o genéricos como las subvenciones estatales, derechos laborales y normativa medioambiental para evitar la competencia desleal o desigual entre empresas de Reino Unido y de la UE (conocido como level playing field) hasta particularidades como restricciones a la venta de naftalina para ahuyentar la polilla de la ropa o el grado de pureza de la absenta por bebida alucinógena. Las tarifas bancarias y/o de telefonía, la homologación de medicamentos o asuntos de seguridad son otras cuestiones aún por resolver.
